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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 09 Abril 2018 11:10

IN CRESCENDO

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EL PROTOCOLO DEL DÍA DEL CONCIERTO


(Segundo de cuatro)

Dedicado al Dr. Rafael Avilés


Prometeo Murillo
La puntualidad -decía el Maestro Ramón Shade, director de la Camerata de Coahuila- es lo único que no se debe pedir. Cualquier cosa puede disculparse: la falta de inspiración, el desánimo para hacer las cosas, una mala técnica e incluso la falta de talento. Son fallas que pueden mejorar en una siguiente oportunidad; pero ser impuntual es im-per-do-na-ble.
Esta máxima aplica a los músicos, y es trasladable al público. La impuntualidad, como aquel portero (Bruce Campbell) se lo dice al fracasado Peter Parker (Spider-Man 2; USA, 2004) “arruina la ilusión del arte”, interrumpe y muchas veces ofende. Está demás decirlo: sea puntual si es que se ha decidido a ir a un concierto.
Si ha llegado tarde apéguese a la política de cada orquesta, probablemente lo dejen entrar entre obra y obra. Personalmente me tocó que me cerraran la puerta en las narices en el mismísimo Palacio de Bellas Artes. No se ofenda si eso le sucede; no es personal, es un asunto de protocolo.
No abundaré en lo obvio: No coma en la sala, no charle con el vecino, modere su voz, no estruje entre sus manos las bolsitas de plástico de unas frituras, no meta bebidas, no tome fotos con flash. No lleve a un concierto niños menores de 5 años y si inevitablemente los lleva, cuide que su conducta no afecte el disfrute de los demás en el público. Con una vida por delante, ellos tendrán más oportunidades de asistir a las obras que ellos mismos elijan.
EN LA SALA
Generalmente un concierto de Filarmónica (Sinfónica u Orquesta de Cámara) ofrece alrededor de 3, quizá 4 obras por concierto. A menos que se trate de obras populares o contemporáneas, los programas suelen ofrecer
1. La Obertura (una obra o tema corto, de entre 5 y 15 minutos) relacionada o jugando un papel anímico en lo que compone el programa general.
2. Una obra de concierto. Una pieza musical fuerte. Más extensa y quizá más compleja que la primera, en que tal vez la participación de un solista, instrumentista o cantante, participe como invitado de la orquesta.
3. Una Sinfonía, u obra similar. Que viene a ser el plato fuerte de la noche. Obras de entre 3 a 4 movimientos y que seguramente estarán definidos en el programa de mano del concierto.
4. El Encore. Que es cuando la orquesta tocará otra más a petición y aplauso del público, y del que hablaremos más adelante.
Lo ideal, es enterarse del número de movimientos que tiene cada obra. Eso generalmente viene en el programa de mano y es un tema que da para más charla. Aunque usted disfrute mucho de un movimiento, procure no aplaudir hasta finalizar el total de la obra. Aplaudimos al final de la Obertura, del Concierto y de la Sinfonía. Aunque muchos directores, están en desacuerdo con tal protocolo. Incluso directores europeos me dijeron alguna vez que el público es libre de aplaudir cuando algo les haya gustado tanto que les nazca hacerlo.
Un gesto de talento, una generosa interpretación, pueden arrancar un aplauso espontáneo. La pasión, elemento central de la interpretación artística pudiera acudir a la sala y entonces, aplaudir fuera de protocolo es lo que enciende las estrellas a la noche. Pero, aplaudir con pasión y conocimiento, hacen que ésta sea, además, inolvidable.

Prometeo Murillo es divulgador y promotor cultural; es gerente general en Orquesta Filarmónica del Desierto, Coahuila de Zaragoza. Cursa estudios de Maestría en Promoción y Desarrollo Cultural en la UA de C.

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