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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 26 Febrero 2018 09:26

IN CRESCENDO

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ENRIQUETA OCHOA: EL BAUTIZO DE LA POESÍA

Y en las sombras
mueren genios sin saber
de su magia
concedida, sin pedirlo
mucho tiempo antes de nacer
En algún lugar, Duncan Dhu

Prometeo Murillo
Decir lo que la poesía es siempre ha resultado muy complicado. Y no se resuelve con decir lo que la poesía NO es. Cientos, quizá miles de poetas nacen y mueren sin saber que lo son. Sin ser publicados. Sin ser oídos o leídos.


En el mejor de los casos, muchos poetas se trasladan a terrenos más tangibles para poderse expresar: escriben las letras de las canciones, versan hip hop en las calles, enseñan en las aulas, grafitean y corren, hacen memes de internet con pensamientos de autoayuda, lanzan piropos a la que pasa, escriben en diarios y revistas con inusitada libertad editorial, postean fotografías que titulan con amorosa condición. Otros burlan al rival con poética gracia, cocinan de ensueño, tocan sin técnica, pero con tal pasión que más que músicos, son poetas; en fin… derrochan habilidades salvajes que los hacen ser “poetas del oficio”.
Por otro lado, el “Oficio de ser poeta” es -en cualquier instancia- una paradójica elección. Así fue la que Enriqueta Ochoa tomó, a temprana edad, luego de ser bautizada por el mismísimo viento, un fantasma de su infancia que la bendijo con el don de ser poeta. Una poeta leída, publicada, amada y, además recordada.
Nació en Torreón, Coahuila, en 1928. Su vida siempre rayó en ser poco ordinaria. Fue educada por maestros particulares con los que aprendió idiomas, ciencias y literatura. Su vida se llenó de personajes de trascendencia pública en las artes y la cultura, pero también de gente sencilla y anónima. Creció y vivió en capitales globales, pero también en pequeñas poblaciones que le significaron paisajes entrañables. Recibió premios y reconocimientos por su labor en las letras, pero se llenó, también, de profundos afectos y amistades que rememoran su calidad humana.
La poesía es -como ella misma lo afirmó- las vivencias que acompañan la poeta. El suceso de lo cotidiano o la angustia existencial, hablar con Dios o perder el sentido de la vida, la búsqueda de lo auténtico o el ejercicio de eruditas lecturas; la pregunta será siempre la misma: eliges ser poeta, o es la poesía quien te elige. En el caso de Enriqueta Ochoa, al parecer hubo un mutuo acuerdo.
Algunos de los poemas que componen su obra, muestra de todo lo anterior mencionado: Bajo el oro pequeño de los trigos, El lomo de la vida, El suicidio, Eternidad, Hacia el cristal secreto de los frutos, Las urgencias de un Dios (su primer Poemario publicado). Las Vírgenes terrestres, Que me bautice el viento (Poesía para niños), Padre, Retorno de Electra (considerada su mejor obra) y Marianne, este último dedicado a su hija, la también poeta Marianne Toussaint.
Hace pocos días, se lanzó la edición del Concurso Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa. A la fecha, el premio otorga 100 mil pesos a un poemario inédito de entre 40 y 60 cuartillas, así como la publicación del libro en una coedición (INBA – SC Coahuila – IMCE). Este Concurso busca fomentar literatura y alentar la creación poética, además de mantener vivo el recuerdo y la obra de la más notable poeta coahuilense hasta nuestros días.

Prometeo Murillo es divulgador y promotor cultural; es gerente general en Orquesta Filarmónica del Desierto, Coahuila de Zaragoza. Cursa estudios de Maestría en Promoción y Desarrollo Cultural en la UA de C.

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