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  • Jesús Marín Fotografia
Miércoles, 08 Marzo 2017 10:00

UNA TAZA Y DOS DE CULTURA

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Gabriel no era precisamente un ángel

Sergio Arévalo
Cuando mamá me trató de explicar los pasajes de la biblia y sus personajes lo primero que me grabé fueron los nombres de los arcángeles pero en lugar de aprenderme sus virtudes y enseñanzas me imaginaba los dramas familiares que tendrían entre ellos: discusiones, traiciones, y que seguramente más de uno le traía ganas al Arcángel Gabriel. Con el tiempo se me olvido lo que me enseñaron de ángeles y me presentaron a otro Gabriel, uno de carne y hueso, que escribía no solamente con tinta sino también con el alma.


De origen colombiano, escritor, novelista, cuentista, guionista, editor, periodista, Nobel literario en 1982, poco le faltó para poner unos tacos al pastor los domingos, Gabriel José de la Concordia García Márquez mejor conocido como Gabriel García Márquez, “Gabo” para los cuates, cumpliría 90 años el pasado seis de marzo, y aunque el escritor ya no está con nosotros físicamente, su magia, creatividad y peso literario sigue entre nosotros.
Gabo tenía enemigos, algunos por no compartir su ideología como Estados Unidos quien lo llegara a etiquetar como subversivo y por muchos años le fue negado el visado estadounidense (seguramente sería enemigo declarado de Trump), otros tal vez por simple envidia de los logros que obtuvo. Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, dos de los escritores más representativos del llamado “boom latinoamericano” vivieron desde hace más de dos décadas vidas entrelazadas. Compañeros en su momento, amigos íntimos después, para finalmente protagonizar uno de los enfrentamientos más legendarios en 1976 cuando Vargas Llosa fue supuestamente derribado por el colombiano de un puñetazo tras una discusión, aunque Vargas con el tiempo demostró siempre tenerle cierta admiración pesé a todo.
Por otro lado, Márquez tenía de amigo a personalidades como al escritor y poeta Álvaro Mutis, pero quizá una de las más llamativas fuera su relación de amistad como Fidel Castro, con quién estrechó una amistad después de realizar contacto cuando el colombiano fungía como periodista en la agencia oficial Prensa Latina, años después fundarían la Escuela Internacional de Cine en San Antonio de los Baños, Cuba. Tanta era la confianza que le tenía “Gabo” que le mandaba copias al comandante del borrador de sus libros antes de mandarlos a imprimir, al ser Castro un ávido lector y muy minucioso.
Gabriel fue un hombre de mundo, vivió en Argentina, Cuba, México, Estados Unidos, tuvo una estancia en varios pases del continente Europeo, era un hombre de aquí y de allá. Hoy su país natal: Colombia, está de fiesta, en honor a su Nobel compatriota el nuevo billete de 50.000 pesos (unos 17 dólares) lleva el retrato del escritor colombiano, una nueva ficción televisiva narrará su vida y los grafitis con su emblema toman las ciudades de Colombia.
Gabriel García Márquez no era un santo, ni pretendió nunca serlo. Lucho por sus ideales aunque eso le costará enemistades y vetos, hombre de valores y virtudes pero sobre todo de un hambre de conocimiento, creativo y perfeccionista. Se muestra un antes y un después de Márquez, un ejemplo digno de seguir.

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