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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 06 Febrero 2017 11:54

Cuba, un Cocodrilo Verde

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Raúl Adalid Sainz
Esa mañana mi padre y yo nos fuimos a bañar muy temprano. Amante del "Haman", como llaman los árabes al baño de vapor, es mi padre. Era un 1984 y la calle de Álvaro Obregón lucía quieta a esas horas de la pequeña mañana en la Colonia Roma. La excitación era mucha de mi parte, en unas horas saldríamos a la isla de Cuba.
Rondando los veintitrés, yo me entusiasmaba por Cuba por tres cosas: una, conocer un país que vivía una política distinta, muy distinta a México, la imagen de Fidel y "El Che", aún resonaban muy fuerte en México. Nuestro país había sido el trampolín de inicio revolucionario cubano.


Dos: el gusto irrefrenable que profería hacia la música de Amaury, Pablo y Silvio, y tres: la inquietud de vivir y sentir la exuberancia imaginada de la mujer cubana. Tantas mujeres imaginé producto de la inventiva que me provocaban las canciones del Amaury Pérez.
Abordamos un avión de Cubana de Aviación. Aún tengo el sabor de una excelente cerveza cubana que me dieron, "Hatuey", recuerdo la imagen de un indio en la botella, a la segunda birra, ese indio enfurecía, la graduación de la cerveza es de 12 grados. ¡Cosa seria chico! Al sobrevolar la isla, vi el verde más intenso que he visto en mi vida. Era una tarde esmeralda.
Un aeropuerto modesto (José Martí), de empleados que proferían respeto al turista mexicano. Llegué a un hotel construido por los gángsters italianos de Estados Unidos: "El Riviera", precioso hotel suspendido en el tiempo de los años cincuenta. Un vestíbulo inmenso, con aires perdurables de Frank Nitti, Capone, y Michael Corleone ( Pacino) en su viaje a La Habana en "El Padrino".
Caminamos mi padre y yo por el malecón. El mar rugía oculto a esas horas de la noche. Era irremediable. Al llegar al Hotel, el estruendo de música era imponente, subyugante. La variedad del Cabaret "La Copa", en el mismo hotel, iba a comenzar. Entramos y el show fue maravilloso. Bailarinas y bailarines hermosos, de estampa felina, luz en el vestuario y atmósfera, coreografías desbordantes, precisas, música en vivo, con una orquesta que aún resuena en mis oídos.
Después boleros de la mejor tradición de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Silvio Rodríguez y ese "Unicornio Azul" que escuchaba como primera canción de la trova en Cuba. Después baile entre turistas y oriundos.
Ron "Habana Club", acompasado de "Tropicola" y ese humo de tabacos "Populares" que fumaba. Noche de Cuba, y llegar al cuarto excitado de ritmo, sabor y juventud en exceso. Afuera el mar se escuchaba como un león acechante.
Y yo feliz de estar en La Habana sin saber si eso era un sueño o una fantasía provocada por los dioses.

Raúl Adalid Sainz, recordando este relato escrito hace ya algunos ayeres en este México Tenochtitlan

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