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  • Jesús Marín Fotografia
Domingo, 20 Noviembre 2016 21:34

Una Ciudad de México del ayer y una revolución de anecdotario

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Raúl Adalid Sainz
Ayer fui a la Condesa por asuntos de trabajo, uno de esos llamados castings. Me fui temprano para indagar la calle, esa colonia siempre me ha costado trabajo, me pierdo fácilmente. Localicé la calle antes de lo esperado. Me senté en un parquecito, donde hay una fuente no común en la calle Popocatépetl, me acomodé en una banquita de piedra y encendí un cigarrillo.
No acostumbro fumar antes de comer pero había que matar el tempo de alguna manera. Aunque eso de matar no está bien aplicado, decidí suspenderme en el tiempo. Los minutos ocurrían tranquilos en aquel lugar. Una pareja practicaba pasos de baile sin música, otro leía el periódico, una parejita se contoneaba en los besos, otro se abstraía en el celular y yo fumando veía gente pasar, unos con sus perros, otros simplemente cruzaban sus vías con las mías.


Hice mi dichoso casting y me fui caminando hacia la colonia Cuauhtémoc, a mi paso crucé por la Roma Sur, ese sector tan sui generis, lo mismo ves una casa vieja, que un restaurancito típico, como el "El 96", porque son 96 guisos, o una cantina de tradición. Aunque el sitio que más me gusta de esa parte romana es "La Fuente de la Cibeles", quizá porque me recuerda Madrid.
Al cruzar Chapultepec, entré a la legendaria Colonia Juárez, recordé el finado teatro "Arcos Caracol", ese que estaba frente a los vestigios del acueducto de Avenida Chapultepec. Vi esas viejas casonas europeas, de estilo francés de la antigua Colonia Americana, hoy la Juárez. Recordé a la recién galardonada Elenita Poniatowska, pues vivía en la calle Praga. Crucé Reforma y llegué a mi antiguo barrio de la Colonia Cuauhtémoc.
Sin embargo, momentos antes, sufrí la agresión de automovilistas al querer cruzar la calle que da al Sanborn´s del Ángel. Terrible. La falta de civismo de este país nos rebasa, nos agrede irrespetuoso. Terminé mis diligencias en la Cuauhtémoc y me dirigí, en mi dodge (dos patas), a la Colonia San Rafael.
El camino de Río Lerma hacia Serapio Rendón me llenó de recuerdos, la época de esas calles me acordó las eras difíciles de chamba, esas cuando uno salió de la universidad y se enfrenta a los vaivenes de la realidad. Más si se es actor de teatro, y peor si lo es del ámbito institucional o independiente.
Imágenes que al vivirlas de repente me hicieron despertar en esa calle de Shultz, donde alguna vez viví una bohemia de música y charla con un compañero de la obra, "El Vuelo", dirigida por Hebert Darien y autoría del gran Tony Trabulse. Me pregunto dónde andará ese buen amigo de nombre Armando Moreno Leal y apodado: "El galán de Zapotlán", porque decía que era galán y era oriundo de la tierra del célebre maestro jalisciense Juan José Arreola. Si alguien sabe de él, le ruego información.
Volviendo al relato, veía esas casas porfirianas por la calle de Rendón, una en especial llamó mi atención, una casa hermosa estilo francés que es hoy el Instituto de la Juventud. Llegué a mi cita, recogí mi guion de la próxima aventura fílmica y terminé mi recorrido por tiendas de campaña, (las de los llamados maestros) esas que hoy habitan el corredor del "Monumento a la Revolución".
Y qué curioso, hoy que es 20 de Noviembre pienso en los enormes contrastes: ayer vi e imaginé la vida de los grandes acaudalados que habitaban esas mansiones referidas en épocas porfirianas y después palpé a mi paso ese monumento donde están los restos del centauro Villa y del prócer de Morelos, Emiliano Zapata. Vi nuestra realidad del México de hoy, con maestros que moran en esas casas de campaña y no pude dejar de decirme, de sentir, que México vive una revolución de anecdotario, de mentira, que su miseria puede nublar un grato paseo por el México del ayer.
Sí, ayer el Monumento de la Revolución me despertó de mi camino. Me trajo a la cruda realidad antirevolucionaria. México vive en un espejo alarmante y consternante de miseria y no lo digo tanto por los maestros sino por la constancia de la misma por cualquier lugar que uno pase. Me pregunto en esta mañana de 20 de Noviembre del año tal: ¿De que sirvió tanta sangre derramada de tanto compatriota que creyó cambiar el rumbo social y político de nuestra tierra? El tierra y libertad de Zapata ruge indignado en los contrastes de dolor de mi México, este México tan lleno de dolor y de mentira.

Nota: Escrito elaborado un noviembre de 2013, revisándolo guarda toda su actualidad interrogante. Digo esto con profunda desgracia.

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de este México Tenochtitlan

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