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  • Jesús Marín Fotografia
Jueves, 08 Septiembre 2016 11:08

CANTO DE LA FRANELA

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México: tierra de dichos

 

Emanuel Alvarado

“-No más refranes, Sancho -dijo don Quijote-, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano1  en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y castígame mi madre, y yo trómpogelas. 2

-Paréceme -respondió Sancho- que vuesa merced es como lo que dicen: “Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra”.3  Estame reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.

-Mira, Sancho -respondió don Quijote-: yo traigo los refranes a propósito, y vienen cuando los digo como anillo en el dedo; pero tráeslos tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia.” 4

La paremiología es la ciencia que estudia los refranes, los proverbios y demás enunciados cuya intención es transmitir algún conocimiento tradicional basado en la experiencia. Muchas veces se emplea “dicho”, “refrán” y “proverbio” indistintamente para referirse a las “frases hechas” con sentido educativo, tan comúnmente expresadas en el hablar diario. Aunque son de origen y significado distinto, se usan y designan de manera diferente de unas regiones a otras. La mayoría de las veces se utilizan como sinónimos, puesto que el dicho es una “palabra o conjunto de palabras con las que se expresa algo o que constituyen una máxima o consejo popular”; también se refiere al  “conjunto de palabras con que se expresa oralmente un concepto cabal”.5  Mientras el refrán es un “dicho de tradición popular que contiene una enseñanza moral o consejo”, incluso referido como “dicho agudo y sentencioso de uso común”.6  A su vez el proverbio es una “sentencia de origen popular que expresa una enseñanza, un consejo, una crítica, etcétera”…

Como puede verse las tres palabras se usan para expresar generalmente lo mismo: una enseñanza, que sirve de consejo al actuar, que ha sido establecida por la tradición oral y la sabiduría popular. De cualquier manera podríamos concluir que independiente a su origen todas ellas serían: “de tal palo, tal astilla”.

Casi igual ocurre con sus primos-hermanos: la sentencia, el aforismo, la parábola, la máxima, el adagio, el apotegma y otros; de manera tal que casi todos se entrecruzan para ser empleados popularmente como si fueran la misma cosa; pero que a pesar de ello constituyen un verdadero tesoro de la filosofía popular y quizá el mayor compendio público para la enseñanza moral.

Como sea, el dicho se ha impuesto como una característica del habla y la cultura mexicanas; y, junto con el doble sentido y el albur —aunque sin comparación— constituyen los sonidos cotidianos de la expresión, el ingenio y la sabiduría acumulada de cuando menos 500 años de mestizaje, lo proveniente de los pueblos originarios de América y la mezcla arábiga-española que dejó la ocupación mora de 800 años a los españoles.

México, ya se ha dichos hasta el cansancio, es un mosaico de culturas. Sin duda esta multiplicidad —de visiones y divisiones— queda unida por diversos denominadores comunes. Uno de estos es la expresión oral. Una fuente que nos viene de dos culturas distintas hasta el extremo, la europea y la mesoamericana (ambas heterogéneas), representadas en lo particular por la española y la indígena. Las dos, mezcla ya de otras muchas culturas, en una amalgama de palabras que forjaron un carácter dado a la locuacidad y los jugos verbales. Una síntesis y un sincretismo donde encontramos las raíces de nuestro hablar cotidiano.

Por ello el habla de los mexicanos es florida (aún en el albur más vulgar se hallan rastros de una búsqueda accidentada de un discurrir poético), la rima se asoma, coqueta y lúdica, entre líneas que se reflejan en los piropos (e insultos), a un tiempo flores y piedras. Pero es sin duda en los dichos donde los mexicanos acabamos de mucho mejor manera una educación, una visión que está muy lejos del oficialismo. Los dichos han sustituido a la instrucción formal, es el reconocimiento de un pueblo por conservar su sabiduría. ¿Ejemplos? Sobran, hay muchos, casi para cualquier ocasión y solución. Existe un refranero mexicano para todo tema.

Podríamos decir que el dicho es una forma directa de comunicación sin demagogia. Las abuelas y las mamás, los tíos y los vecinos, todos se mueven en lo que consideran un tesoro propio y particular: los dichos o refranes, como pequeñas dosis de sabiduría; como una fuente clara e inagotable de recursos didácticos para construir, guiar y educarnos socialmente.

No podríamos entender nuestra cultura sin los dichos. Los dichos representan un rasgo esencial del ser mexicano, incluso he escuchado un llamativo “dicho dichoso”, que nos puede servir de base para explicar el posicionamiento que tienen como cúmulos de generosidad y alcance en cuanto a la certeza que poseen y que se les otorga.

Un “escarmienta en cabeza ajena”, o un “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, suelen ser lecciones que dadas a tiempo, pueden cambiar el rumbo de una vida o varias al mismo tiempo. Porque en ese ir y venir (y preservarse), los dichos son también un recurso de reflexión y regocijo donde uno puede sacar el todo o una parte para hacer de su vida tal o cual cosa. O como dicen en mi tierra: A ver de cuál cuero salen más correas. 

1 'y que seas comedido´.

 2`y te lo digo una y otra vez, y tú ni caso´.

3 Refrán que significa que `se ven los defectos ajenos, pero no los propios´.

4 MIGUEL DE CERVANTES, Don Quijote de la Mancha, Edición del IV Centenario de su publicación, España, Alfaguara, 2005, p. 1063 (Segunda Parte, capítulo LXVII)

5 y 6 Tomado del Diccionario de la Lengua Española

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Emanuel 
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